Más que Pedro, porque no fueron tres si no cuatro veces las que negué "una ayuda", "un café caliente", "algo para comer", "una moneda, por favor" en el corto trayecto de la calle del Sol. Los pedigüeños eran los de siempre, los de hace años que llevabamos un tiempo sin ver. Estarán ya rehabilitados, supongo.
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