DADOS DE BASALTO

02 octubre 2008

Acerolas

Tengo una obsesión [en realidad más pero sólo hablaré de esta] con las acerolas. Se remonta a mi niñez y es de los pocos recuerdos que conservo. Era tradición en casa comprar, aprovechando el Ramo de la Salud, una bolsita de acerolas cada tarde que nos acercabámos al Ramo. Luego desapareció todo el Ramo, o casi. Sólo quedan dulces y un tamborilero -gracias a que la UP impidió su extinción [consultar la hemeroteca]. Como recuerdo poco de mi infancia, en casa mi hermana Beatriz trata de convencerme de que al comer una me pasará como a Proust con la magdalena. No creo que sea verdad, ni me imagino tampoco escribiendo el tocho que el autor francés compuso, pero de este año no pasa. Prometo que iré al campo a buscarlas si es preciso. Además de todo, por lo visto, tienen un sesenta por ciento más de vitamina C que las naranjas. ¡Y que nadie venda acerolas!

No hay comentarios: