A medida que cada nave nodriza iba aterrizando en el planeta, iban desplegando banderas de colores diversos pero todas bajo un símbolo común: Un planeta rodeado por dos frases. En la parte superior "Nihil obstat" y en la inferior "Unum et idem". No podían considerar vida a aquello que se movía en el planeta. A fin de cuentas no había sido creado por sus dioses. Lo más extraño, sin embargo, fue observar como algunos gobernadores pilotaban la nave y dibujaban los planos de colonización. Tal vez hayan sido pilotos antes que gobernadores, pensó Zerep.
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