No recuerdo el día de la primera semana de febrero. Enciendo la radio como cada mañana. Desde los distintos centros informativos se dan las temperaturas. A las mismas les presto poca atención, aunque sonrio bastante al escuchar la temperatura de Soria y comprobar una vez más que da la mínima. ¡No sé como resiste esa temperatura mi cuñado! El amor, supongo. De repente mis pensamientos se detienen. No sé de que centro ha sido el periodista, pero lo ha dicho así: "nubes y claros que permiten ver la luna como un pan redondo y siete grados de temperatura". Desde entonces le persigo. Trato de descubrir quien fue el poeta disfrazado de periodista que dió esa temperatura; porque, pienso, todos somos otra cosa distinta y de vez en cuando lo manifestamos abiertamente.
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