Imagínate que sales de tu subsahariana África, a la edad en que un hombre se hace allí hombre [14-15 años] y en cuestión de meses estás viajando de Abrantes a Sol en el Metro de Madrid. En éste reino democrático donde para algunas cosas nos hacemos hombres y mujeres a la misma edad y para otras esperamos a los treinta y cinco años. Al ver a ese chico con su tienda portatil vende-cosas no tengo claro si debo aplaudirle o compadecerle.
Mientras monta el negocio, al lado de otros como él, dos policias les observan despreocupadamente. "¿Habrá cambiado algo?" -me digo-, pero no, al minuto de disponer toda la mercancia sobre la manta los policias los echan. Ya ni los persiguen. Hoy -o por lo menos ahora- no se puede vender. Mientras marchaba despacio, he seguido al chico y le he comprado un dvd.
-¿Cuál quieres?
-El primero que saques.
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