Una vez más, por cosas de hospital, tuve que salir antes de que acabara la sesión del taller [literario]. Mientras caminaba en busca de Silvia, pensaba que la misma pasión que hace a un poeta escribir versos a su hija Olimpia, o a un escritor cuentos sobre princesas y muertes, era la que me hacía a mi abandonar ayer el taller.
¡Pequeñas, benditas hechiceras que nos poseen!
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