Los dimes y diretes sobre las manifestaciones previstas para mañana, demuestran, a mi modo de ver, que la palabra en boca de los políticos es un arma de destrucción para cuyo uso sería exigible, no sólo la licencia de armas si no, además pasar por una batería de tests que incluyese aspectos como esquizofrenia, trastorno bipolar, delirios y personalidad múltiple.
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