"Las mujeres no paraban de bromear y hasta de blasfemar, y la tal Rosa Sancho se quejó ante su jefa María Teresa de su mala suerte: "Todas mis amigas están bien colocadas desde que empezó la guerra. Una es de la CNT, otras de la UGT, y a mi no me han dejado más que la JO-D-T."
El abrecartas. Molina Foix
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