13 septiembre 2012

Siquiatras, sicólogos, farmacéuticas y cursos.

Coinciden dos cosas:  la cercanía del Curso Anual de Esquizofrenia al que estoy deseando ir, por mil razones personales, aunque profesionalmente ahora no me dedico a esta apasionante tarea. Se trata de terapia psicológica de la patología que más me fascina y gusta. Siempre vienen fantásticos investigadores y terapeutas y cada año que he ido he aprendido mucho. A pesar de todo, los laboratorios no pierden comba y montan montones de stands con los que tratan de seducir a -en muchos casos- psiquiatras que ya conocen de sobra. Yo que entro en la generalidad de los visitantes que no interesan, cargo sin embargo con muchas maravillas publicitarias. No quiero pensar qué regalos hacen a los buenos, buenos profesionales.
La segunda coincidencia es el inicio de la lectura LSD de Hofmann y el recuerdo de cómo ni una sola medicación siquiátrica usada actualmente ha sido fruto de cuidadosa investigación y pruebas. Los pocos principios -que luego los laboratorios se encargan de combinar y recombinar- utilizados se descubrieron por casualidad y buscando cosas que en absoluto tenían nada que ver con el resultado final. No es para escandalizarse, siempre ha sido así, sin ir más lejos la viagra se encontró porque las cobayas humanas con quienes se probaba estaban muy contentos.
Tú me puedes decir: ¡vale, y a mí qué!, pero como en este blog escribo de cosas que me dan vueltas en la cabeza yo te lo cuento. Abrazos.