13 septiembre 2017

Un día de abandono.

El día comenzó con cuatro meses de abandono. Un poemario que se preñó pero que se gesta aún. Es duro. No habéis leído nada de él. Creo que es bueno (pero los padres siempre hablamos bien de nuestros hijos), sigo trabajándolo. El día termina peor, se nos va una joven hermosa llena de bondad que nos preparó a su muerte con una valentía solo creíble en panegíricos, y sin embargo así fue. La vida se nos vuelve urgente cuando suceden estas cosas y el interrogante del sentido de todo se graba a fuego en la corteza cerebral. Son más de cuatro meses de abandono lo que vamos a padecer. La vida es tan corta que solo en estas ocasiones nos damos cuenta de qué manera la desperdiciamos. 4 meses de soledad es nada en comparación a una vida que no volveremos a ver. Me convenzo de que he de disfrutar al máximo de las cosas buenas y olvidarnos de quien nos hizo daño. No nos merecía. Seguro. Salva el día que A. me enseñó sus dominios y me ofreció su reino (gracias) y que L. me concedió el placer de una charla distendida (nunca sospeché que un día sucedería. Gracias). Ha sido un día de abandono a pesar de esto ¡Tengo ganas de que termine el 17, mira que comí las uvas convencido de que todo iría a mejor. Me equivoqué, una vez más.