23 agosto 2016

Silencio.

Jamás pensé que las puertas
no tuvieran aldaba, ni llamador,
que el timbre estuviese tan alto
que no pudieran mis piernas sujetarme
mientras estiro mi cuerpo y mi brazo
arriba, más arriba
Desfallezco sin aliento.
Me siento en el escalón y vuelvo a subir
una, otra vez,
sin miedo, 
pero sin fuerzas.
Jamás pensé que la tierra fuera un laberinto
lleno de esquinas
donde habitan los monstruos
Nunca pensé que si pides ayuda
nadie escuchase, nadie atendiera
solo
jamás pensé que sólo sé estar solo.