10 febrero 2016

Hermanos sin alma.

Primero la ciudad se llenó de inmobiliarias, pequeñas casas con el afán de vender grandes propiedades o todo inmueble que se ofreciera. Ofertas múltiples de los negocios a los únicos propietarios deseosos de vender para obtener la liquidez inalcanzable. Luego fue el oro. La gente se desprendió de sus joyas para que las tasadoras del mejor precio del mercado pudieran darle unos euros a cambio del anillo de su madre, el colgante de la abuela o el regalo de mi ex. Cuando no se pudo obtener más dinero porque el oro es limitado y su precio volatil se acudió a los créditos rápidos. Unos euros al 40% de interés, pero todo tiene arreglo, esto es provisional. saldremos de esta y todo será como antes, como siempre, un paraíso ficticio de felicidad económica. Ahora que ya no hay nada proliferan los compra/venta de objetos usados. En internet puedes encontrar todo (si es que realmente lo puedes pagar) y vender todo (si alguien te lo quiere comprar). No nos queda nada más para sacar cuatro euros. La próxima parada el alma. Vendedla y seréis más felices. Sin alma el capitalismo -que nació sin ella- os considerará hermanos. Feliz pobreza.