23 octubre 2015

Una espada silbando.

No quiero violines,
ni guitarras,
ni siquiera una suave mandolina acariciando el aire
(y bien sabe Dios como amo a esa niña que la toca)
No quiero bandas, azulejos póstumos.
No quiero que digáis que fue bueno.
No lo fuí (tú tampoco)
Quiero un cortejo de patines
con águilas, vueltas y conos.
Una espada silbando en el aire
tratando de alcanzar al adversario.
Ahora que descubro nuevas rutas
solo recuerdo los ratos que disfruté.