09 mayo 2014

Calladitos estamos todos guapísimos.

Ya no más. Ni un paso atrás, ni una aquiescencia nueva, ni una sonrisa condescenciente más.
¿Ya no me puedo quejar del trabajo? ¿No puedo decir, por ejemplo, llevo una mañana terrible, que no paro? ¿No puedo responder a la pregunta sobre mi cumpleaños algo así como? "Buff, camino de un curso que comienza a las siete. Aún no he parado en todo el día". ¿No puedeo decirte siquiera a ti, que tienes un trabajo como yo, pero más cómodo, que me cansa trabajar? ¿que hay días en que llego agotado de pensar, planificar, ejecutar y no aguanto más?
¡Así que según tú, portadora de la teoría comunmente extendida que llevamos aplicando desde el año 2007, no tengo derecho a quejarme!; porque mi calle, mi barrio, mi pueblo y mi país está lleno de parados. Contentos están los que oprimen. Por un lado contratan por cuatro euros, o te hacen trabajar por dos o por tres personas y por otro, como tú eres buena persona y sabes que hay gente que no llega a fin de mes te callas. Pues se acabó. ¡Yo ya no! El mundo está siendo una injusticia dictatorial para quien no trabaja y para quien trabaja. ¡Habrá que empezar a luchar! -digo- o seguimos calladitos rezando a san Liberal de la Gracia Divina.