19 marzo 2014

El trabajo más duro del mundo.

He trabajado duro desde el principio intentando siempre ser el mejor y se me ha pagado bien, una fortuna. Durante el tiempo trabajado he sufrido mucho, pero he sido inmensamente feliz y afortunado. He recibido en esos años lo más valioso que nadie puede ansiar. He llorado y penado, he roto mi equilibrio muchas veces, pero sobre todo he reído y he sanado mi corazón. 
En todo ese tiempo he vivido al borde del riesgo, te mentiría si te dijera que no he tenido miedo, que sigo teniendo miedo y sin embargo he sido el hombre más valiente del mundo. ¡Vamos Leónidas, apártate que no eres nada más que un espadachín! 
Ha sido una tarea dura, la mejor tarea de mi vida, la única tarea en la que he sentido mi adorada incredulidad derrotada, mi desamor muerto, mi infidelidad devastada, mi insensibilidad pisoteada.
Yo que, si volviera a nacer, no repetiría casi nada de mi vida, sé -casi como dogma- que esto  sí lo volvería a hacer. Volvería a sufrir por ti, volvería a disfrutar por ti, volvería a ayudarte a caminar, volvería a montarte en los columpios, volvería a enseñarte a patinar, volvería a llevarte al extranjero, volvería a creer en ti, en tu risa, en tu trabajo, en tu amor. Volvería, sin dudarlo un segundo, a ser tu padre. Si  no fuera así, mi vida no tendría ningún sentido. Te quiero hija.