12 diciembre 2013

La penúltima,

porque Gonzalo Hidaldo no deja de escribir y entre manos andará con otra u otras, que he leído -una buena constumbre que sostengo desde "Mísera fue..."- es una novela fácil de leer. No voy a hacer una crítica porque aunque me considero un crítico social no lo soy literario (ni siquiera en plan deporte amateur), también porque otras más fundadas ya han aparecido en El Cultural y, por supuesto, en el Blog de su amigo -que no por ello deja de ser objetivo-  Á.V. 
El libro está lleno de guiños a la ciudad y a sus propias novelas, y cómo no, como todas sus novelas, llena de juegos de literarios en los que los palíndromos (tan queridos por él) son lo más llamativo pero no lo más ostensible.
Gonzalo es un filósofo que escribe (y bien) sobre la vida, la muerte, la infelicidad permanente del ser humano y otras delicias reflexivas. Además, uno, psicólogo, no deja de admirarse de los perfiles nítidos de cada personaje. El Zotalito merece una novela per se, y, por poner un ejemplo, cualquier intento de resolver la semejanza entre el gordo guardián y el gordo bis quedaría, en pluma de cualquiera, patético y sin embargo en manos de G.H.B. el parecido fluye de modo tan creíble que es verdad. En definitiva: En la novela encontramos al mismo autor que había en, para mí, su mejor libro "Paradoja del Interventor", pero más asequible. Si alguno de ustedes aún no ha leído a éste gran ensayista, poeta y novelista, puede empezar por "La sed de sal"   (o su anterior "Conversación") me agradecerán este consejo. Lamentablemente, salvo improbable posibilidad de que el mundo cambie a mejor, el autor de Higuera de Albalat no llegará a ser un best seller, se requiere más inteligencia y sensibilidad de la que la mayoría está dispuesta a utilizar. Mientras ese mundo ideal llega algunos esperaremos ansiosos su próxima novela o releeremos páginas de las ya escritas. Ahora es tiempo de regalos, vds. mismos.