28 agosto 2013

Amor patrio.

Ya he hablado otras veces de mi amor a España y de eso de como en España en ningún sitio. No me canso porque las cosas no es que llamen mi atención, es que golpean con furia. No se puede amar una bandera cuando quienes ostentamos la titularidad de la misma somos solo paganos. Una mamá ha batallado -y tiene 116.000 firmas- para que los libros de texto se reutilicen. Loable labor para algo que no sucede, porque son gratis, en ningún país civilizado. He dicho ninguno. Repito, ninguno. Mientras tanto pagamos por la luz el doble que un francés o el triple que un estadounidense. De productos básicos como la leche ni te cuento, y de lujos como el ADSL o el teléfono no voy a repetir lo ya dicho y sabido. Los salarios son los que merecemos porque trabajamos más que un francés o un alemán, pero ganamos la mitad y para ayudar al estado nos suben el IVA, el IRPF y pagamos impuestos y tasas que no entiende la cabeza de un finlandés. Por supuesto que en el lado positivo tenemos vino bueno, mojitos a tres o cuatro euros y fútbol de primera en la primera (mucho y de la liga inglesa también. Esta noche, además, si la cosa se complica entre el Barcelona y el Atlético de Madrid puede que alguno se acueste a las 2, lo cual como todo el mundo sabe es un placer para el cuerpo). Llevo quejándome de mi país desde que pisé Francia con 18 años, pero es que uno es quejica por naturaleza porque como en España -para pagar- en ninguna parte.
Pd. Por si alguien aún no lo sabe -cosa que dudo- en alemania la universidad es gratis, pero en España universidades como la de Cantabria tienen tasas que compiten con una universidad privada. Será por la calidad de la enseñanza. Quiero suponer.