11 julio 2013

Profesores

Ni un euro para los lectores de diapositivas de Power Point llenas de letras cual fotocopia de libro de texto.
Ni un euro para inexpresivos, inertes, inanimados e ininteligibles.
Ni un euro para viajeros lejanos que al llegar mencionan la mucha distancia que hay entre su lugar de origen y el sitio donde han de impartir la clase: el quinto pino o el culo del mundo. Su lugar de origen es, sin embargo, el centro de la galaxia.
Ni un euro para creyentes en milagros que piensan que  llegando tarde enchufarán el pendrive en el puerto o conectarán su portátil y todo funcionará a la perfección. Exactamente tal y como lo habían soñado en su mundo infantil.
Ni un euro para los tocadores de ventanas que ilusionan e imaginan la compatibilidad inexistente entre un xp, un 7 y un 8. 
Ni un euro, en fin, para todos estos, y demás renacentistas que sueñan que el mundo gira alrededor de su nombre y apellido.
Cada euro gastado en ellos es malgastado y cada euro pagado por el curso es arrojado a cerdos.