26 marzo 2013

Episodios dobles y repetidos.

No hay forma de seguir una serie en España. Aunque no soy especialmente aficionado, mis infructuosos intentos por seguir El Mentalista o The Big Bang Theory han acabado siempre en repetición  o combinaciones de distintas temporadas. Afortunadamente aún quedan portales donde puedes ver, y en -¡Eureka!- versión original los episodios en su orden cronológico. Dios bendiga a internet y condene a la televisión. Entiendo que se haga con Los Simpson, de manera continuadamente aburrida (es la serie más rentable, repites y repites y siempre tienes audiencia), pero a la mentalidad infantil le gusta conocer qué va a pasar ahora, mientras que nosotros somos supuestos adultos. No he visto tampoco ningún defensor del espectador que logre algo con este ataque a la integridad de las series, así que, repito, ¡Viva Internet!
Pasa igual con las series de la vida. Unos canales solo emiten a Bárcenas, y otros solo a los ERE Andaluces. Así tampoco hay modo de seguir la corruptela en su integridad. Cuando pensábamos que el episodio se había encarrilado, va  Ruz e imputa a  Sanchís, y Alaya está a punto de hacer lo propio, tras esta pasión, con un buen puñado de gentes de bien vivir. Lo dicho, se me mezclan los episodios y, claro, me cabreo con razón.