20 octubre 2012

He confundido la lluvia con la vida.


Ayer tuve el placer de escuchar la voz interior de Francisco Fuentes en El Verdugo. Festejábamos "Setenta y cuatro días sin mí" y ya el título da para mucho. Bien apadrinado, en la mesa y en el foro, nos deleitó con un pequeño corto (tuvimos que superar el hecho de que algún gremlin se hubiera ensañado con el proyector que no funcionó ni con las mejores manos de J., nuestro técnico de sonido), y después con la voz que domestica almas (una antigua profesora comentó que ya de pequeñito era así)  y los poemas que parecen no tener título, ni principio, ni fin, y donde los espacios hablan. A mi lado, otro miembro de la plaga, Víctor Peña. Otros más estaban en la distancia o familiarmente representados. Intercambiamos sueños, pensamientos y palabras, minuto a minuto, en una fiesta contra la que el minutero del reloj nada podía hacer. Nadie tenía prisa, ni siquiera aunque Tanhäusser esperase.
Las dedicatorias así para todos, atentas, largas e ilegibles: "yo sólo estaba porque tu me veías".