23 septiembre 2012

Drogas y otros placeres.

La lectura de "La historia del LSD" de Hofmann, me hace albergar serias dudas respecto al párrafo tantas veces reproducido:
"El viernes pasado, 16 de abril de 1943, tuve que interrumpir a media tarde mi trabajo en el laboratorio y marcharme a casa, pues me asaltó una extraña intranquilidad acompañada de una ligera sensación de mareo. En casa me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada. En un estado de semipenumbra y con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba desagradablemente chillona) me penetraban sin cesar unas imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores intenso, caleidoscópico. Unas dos horas después este estado desapareció."
¿Podría ser que aquella primera intoxicación inadvertida e inconsciente fuera más bien otro de los múltiples autoensayos (él, familia y amigos) descritos en el libro? El primer problema de la droga es que gusta, y después vienen todas las elucubraciones sobre la adicción.