31 agosto 2012

Shhhh....Que no nos enteremos.

Nadie te dice nada, pero un día vas a la farmacia a por tus medicinas, esas que figuran en la receta electrónica porque eres un crónico y allí te dicen que no, que no te las pueden dar ni pagando, entonces, como si despertaras de una pesadilla te vas enterando, por partes, poco a poco, preguntado a unos y a otros, de que como llevas más de un año en el paro y sin prestación de desempleo te has quedado sin tarjeta sanitaria, así, sin más, con dos pelotas de esas gordas que no hay entrepierna que las sujete. Eso sí, no pasa nada, si te hubieras puesto malo te hubieran atendido (que somos mu güenos) y tampoco te debes preocupar mucho porque rellenando unos papeles y presentando otros (un par de dnis, un libro de familia y cosas así) van y te ponen en la tarjeta sanitaria de la otra persona. Así que se te queda la cara de besugo y piensas que tienes suerte de tener familia, aunque no te hables con ella, o de estar casado, aunque ya ni te interesa tu pareja, y piensas que por fin, como ellos quieren, hemos vuelto a los años de maricastaña en el que la familia era eso, una familiaunidajamásdividida, donde cada miembro dependía del cabeza de familia y eso ayudaba mucho a la estabilidad. Hubo un tiempo en el que yo, estudiante, no podía ni estar en el seguro de mi familia (debieron suponer que ya tenía edad de ganarme la vida, claro) y tuvieron mis padres que pagar un seguro privado por si acaso. ¡Ah, que ganas tengo de volver a vivir mi infancia! Ya queda menos.
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