14 febrero 2012

Cartas arreflexivas.

Leo algunas cartas de Darwin publicadas tras su muerte (como casi siempre ocurre en el género epistolar) y me planteo si será viable en unos años. Las cartas de ahora son mails enviados, respondidos y reenviados de nuevo. A veces conservan el título del primer envío en el encabezado. A veces eso sirve para archivarlas, filtrarlas y si hay tiempo buscarlas y encontrarlas. Pero las cartas de ahora no son aquellas, y la mayoría de las veces, aunque pongas tu empeño en guardarlas en carpetas y directorios acaban muriendo. Virus, cambios de ordenador, o de sistema operativo son linfocitos gráficos de los archivos. El correo de internet es breve y fugaz sin tiempo a ser repensado (todo esto, por supuesto, salvo honrosas excepciones). Imagino cuando empezaron las primeras cartas, el tiempo tardado en coger la tinta tal vez era tiempo empleado en pensar, tal vez a cada avance estilográfico hemos retrocedido en reflexión. Quizá no en los libros, pero en las cartas, no me diréis que no.