05 diciembre 2011

Música al atardecer

La mandolina suena a mi lado cada atardecer. Forma parte de mi memoria reciente y pasada. Me deleita y transporta. Me lleva a Rusia, o a EE.UU. o mece mi cuerpo en una góndola. Me lleva a la zarzuela y a Vivaldi. Mi cuerpo se mece y mi mente se difumina ante la música.
¿Qué haré yo cuando no tenga esa música a mi lado? ¿Un año me queda?
¿Qué haré yo si no escucho ese sonido y la pelea de sus pequeñas manos -pero más grandes ya que las mías- luchando contra ese mástil, callo contra cuerda. ¿Qué diablos haré yo?
Nota para mi mismo:
Probablemente estaré muerto.