05 mayo 2010

La historia del estofado de la abuela

La historia es ficticia pero sirve para entender cómo hacemos las cosas. Dice así:
Estaba yo un día preparando varios solomillos rellenos dispuesto a ponerlos en la bandeja y sofreirlos antes de pasarlos al horno. Está delicioso. El caso es que fue mi madre la que me contempló haciendo una barbaridad culinaria y me dijo
-¡Cómo haces eso! ¿No te das cuenta de que se tiene que cortar la punta del solomillo?
-No lo sabía, lo hago ahora mismo pero ¿porqué he de hacerlo?
Mi madre no sabía la razón así que acudimos a preguntar a mi tía y mi tío, por supuesto también a mi lala (abuela) que andaba atareada por casa. Ese día nos juntábamos toda la familia. Mi lala dijo que ella siempre lo había hecho así pero tampoco tenía idea de porqué. Afortunádamente aún vivía mi bisabuela, era mayor ya y estaba sentada en la mecedora de la terraza contemplando la vida pasar.
-Bibi, le dijimos -siempre la llamabamos bibi- ¿porqué se corta la punta del solomillo antes de sofreirlo?
-¿Cortar la punta? -nos dijo- Yo siempre lo hacía porque entero no cabía en la cazuela.
Y así queridos niños y niñas sucede la historia de la familia, de la vida y de la humanidad en la cual casi nunca nos atrevemos a hacer nada nuevo y repetimos sin parar los mismos dichos y hechos de siempre sin entender su aquel.