01 febrero 2009

La Villa Germelina

Acompañado de hermosas damas, el señor de la Villa mostró sus dominios. Para todos un instante más otro, una conversación y otra más, una sonrisa siempre agradable. No había nada en aquella Villa que nos hiciera echar de menos nuestra patria. Ningún deseo de volver, todo fue fiesta y placer para pequeños y grandes. Viandas, vinos, buenas danzas. Los que allí fuimos a firmar pleitesía encontramos que no podíamos haber elegido mejor amigo y aliado. Al amanecer y salir de aquel cobijo la nieve y el frío nos despidió, marcando de este modo, físicamente, la diferencia entre el gozo de la amistad y la tristeza de la partida.