04 septiembre 2007

Rumanía, 9 de agosto

Hoy ha sido un día largo. De Baia a Cimpulung Moldovenesc. Malas carreteras y obras, aparte de pasos por las vías. Lo mejor ha sido el paisaje. ¿Porqué nadie habla de los hermosos bosques de abeto de éste país? Habrá que meter dinero urgente si no queremos que este pulmón europeo desaparezca. En Sapanta hemos visto el cementerio alegre. Un señor, de cuyo nombre no recuerdo las iniciales [ahora sé que es Ioan Stan Patras] se dedicó a hacer cruces con colores y poemas e imágenes relativos a la vida del difunto. Las hay de todo y para todos los gustos aunque no he hallado ninguna referida a un pescador. Dicen que es herencia de los antiguos Dacios que lloraban con el nacimiento y festejaban la muerte de los suyos...
Luego hemos visto algunas iglesias de madera [patrimonio de la Unesco] todas similares, con su guarda que explica y vende recuerdos y los niños pululando y vendiendo lo que sea, hasta su sonrisa para obtener un leu y llevarlo a su madre [cercana] En las iglesias trabajaban restauradoras de la Universidad de Bucarest [más que restaurar pintaban directamente, pero eso es otro cuento] Tal vez hartas del trasiego tenían en inglés y francés carteles que prohibían hacerlas preguntas. Los intentos sólo servían para que nos señalaran el cartel ¡Lástima!...
Moldovenesc es una ciudad casi polígono industrial, fea y mal iluminada. El paseo nocturno acostumbrado se ha visto interrumpido por una tormenta. Un grupo de italianos que trae el trayecto inverso al nuestro ha contado que quieren irse a casa. No soportan esa Rumania profunda que hemos empezado a ver, aunque por otra parte alguien ha dicho que lo mejor está por llegar. Ya veremos.