09 noviembre 2017

Crónicas del desamor. (5) Homosexual encarcelado.

A Oscar Wilde no le gustaban los deportes rudos, y además escribía poesía. Desde el principio en el Trinity College se le consideró rarito. A Oscar le gustaba una chica llamada Florence, pero ella decidió unirse al autor de Drácula. Dicen que su penar fue tan fuerte que se marchó de Irlanda. Bastantes años después conoció en Dublin a Constance y casó con ella teniendo dos hijos. Aunque algunos dicen que fue matrimonio de conveniencia Wilde la amaba y fue feliz. Sin embargo, a pesar de tener un rollo con un joven llamado Ross, su verdadero calvario comenzo cuando conoció a Bosie quince años más joven que él y sin embargo lo suficientemente listo como para sacarle todo el dinero. Quedó enganchado a él, quien jamás le fue fiel. Por si fuera poco, el padre de Alfred (que así se llamaba el amante) se empeñó en tratar de demostrar que Wilde era el culpable de la homosexualidad de su hijo. Le provocó, Wilde le demandó y comenzó un juicio mediático en el que el escritor negó la mayor, pero el inventor de las reglas del boxeo, ayudado de un buen abogado, consiguió que se condenara a Oscar por inmoralidad. Cuando terminó su presidio marchó a Francia para reunirse de nuevo con Bosie a pesar del amor eterno que su mujer le seguía profesando. Al final no estuvo ni con Bosie (infiel por naturaleza) ni con Constance que murió pronto. El amor es así, una historia de desamor continua. Puede que en algún momento siga escribiendo Crónicas del desamor, pero por ahora basta. Mañana hablaremos de otra cosa.