08 noviembre 2017

Crónicas del desamor. (4) El jugador afortunado.

Fiodor Mijailovich Dostoievski, tenía buenas condiciones para ser un hombre feliz, pero su madre murió con 35 años (él tenía 20) y su padre que no debía de ser muy amable se hizo más violento (si es que no lo era antes, que lo dudo), un año después apareció asesinado, así que con 16 años Dostoievski se tuvo que buscar la vida -como funcionario- y aunque ganaba un sueldo normal tenía el problema de gastarlo todo en el juego. La necesidad le hizo caer en manos de un terrorista y al final fue deportado y condenado a muerte, pero si bien no tuvo fortuna en juego al final un golpe de suerte le salvo la vida. 
Pero ¿no hablábamos de amor?  Dostoievski nada más terminar su reclusión y trabajos forzados se enamoró de María (otra mujer casada) una mujer infeliz en su matrimonio que sin embargo nunca quiso al escritor a pesar de las atenciones que le dispensó. No abandonó a su marido cuando se fue a vivir a otra ciudad e incluso cuando murió no volvió a los brazos del jugador sino que se sintió atraída por un joven maestro de la localidad. Imaginad lo que sufrió (las cartas dan fe).  A pesar de todo terminaron casándose aunque ella nunca le amó. Dice la historia que era despótica y caprichosa. La historia no terminó muy bien. 
Con el tiempo la joven Anna se enamoró de él y le dio a costa de sus desvelos y cuidados (él siguió hecho un pieza) todo su amor. Acabó siendo su editora y aunque la historia no fue un camino de rosas permitió que hoy podamos leer algunas de sus grandes obras.
Mañana: Homosexual encarcelado.