21 octubre 2017

¿Quién pagará los cachos rotos?

Muchas empresas catalanas tendrán este año pérdidas incontables. Algunas dicen que para intentar salvar los trastos cambiarán hasta el nombre del producto para que no se les vincule con Cataluña. Otras ya han quitado el origen de su producto del envoltorio. Muchos supermercados dicen que se nota, que ahora hay mucho más stock de productos catalanes en sus estanterías. Todo porque un grupo de burgueses decimonónicos ha decidido animar al pueblo a creer que la individualidad es mejor que la colectividad (y muchas otras cosas filosóficas que ni voy a desarrollar, ni creo merezca la pena explicar). Las empresas ya han pasado una gran crisis y no van a pasar otra por motivos ideológicos descerebrados. Cuando después del domicilio social (y la reducción de ingresos fiscales) se proceda con otros cambios y empiece a haber más parados en la región expañola que no dejó de recibir dinero desde los tiempos de Franco, quizá entonces, solo entonces, se den cuenta de que vivir como extremeños o murcianos no es guay. Tal vez entonces el pueblo, el verdadero, se rebele contra la clase burguesa dirigente y empiece a remar en la misma dirección. Tal vez. O no. La estupidez humana no conoce límites.