10 marzo 2017

Bella y bestia.

Se ha bajado del coche y no te voy a negar que la he mirado. Ese cuerpo tan esbelto con esa falda tan corta. Pero antes había visto el coche, un Porsche blanco con el techo negro. Se ha asomado al capó y por un segundo he pensado que además era mecánica (eso sí que me pone. Un día te contaré la historia de albañila), pero enseguida me he dado cuenta de que en la parte delantera de ese monstruo va el maletero. Ha trasteado allí y yo he ojeado mientras guardaba la compra en mi coche. Luego he ido hacia la rotonda y justo entonces ha pasado ella, me ha guiñado un ojo y ha juntado sus labios dando un beso. No era un acto de amor, pero tampoco creo que haya sido un "¿te jode?" estricto. Ha sido un "el mundo tiene dos categorías y yo vivo en la primera". No es que me gustara ella, me gustaba más la máquina, pero tampoco era que deseara la máquina (llegar a fin de mes es casi un milagro), me gustaba la combinación. La bella y la bestia ante mis ojos, en versión libre y moderna no Disneyniana. Un mundo feliz justo enfrente, la brecha humana sin tapujos. Hay una revolución en puertas y sé que la voy a conocer.