02 enero 2017

Un país imposible.

Un país que mira las campanadas por ver si una nena viste un vestido con más encajes que el que lució el año pasado. Un país que crece en pobreza cada día mientras los ricos son cada vez más ricos. Un país que no ha sido capaz de crear una ley consensuada de educación. Un país que se felicita porque su producto interior bruto dependa del turismo. Un país en el que los investigadores se van a trabajar fuera porque aquí no hay trabajo para ellos. Un país del que han emigrado dos millones de personas. Un país que no ha sido capaz de condenar a quien asestó un golpe de Estado. Un país donde la mayoría religiosa odia al Papa y donde la política se tiñe de religión. Un país cuyos programas de máxima audiencia son los que tratan de asuntos de cotilleo de famosillos de tres al cuarto. Un país que prohíbe que se pueda aprovechar la abundante energía solar que posee y que será condenado por el resto de los socios del club al que pertenece igual que ya ha sido condenado por favorecer a los bancos, por favorecer a la SGAE, en definitiva por ir contra la propia gente que lo habita.Un país que piensa que es lo más. Insuperable. Inimitable. Inigualable. Ina, Igrande, Ilibre.