21 enero 2017

Trump that superman.

No deja de sorprenderme ver como un tipo como Donald ha llegado a mandar en el país más poderoso del mundo. También me sorprendió Reagan o Bush, incluso Clinton, pero reconozco que el presidente actual multiplica mis pesadillas. No es raro. Pensamos que un empresario no solo no nos robará sino que creará cientos de miles de puestos de trabajo e incrementará la economía del país. Lo creemos todos, y no nos faltan ejemplos de cómo hemos elegido Alcaldes o Presidentes de todo tipo merced a que eran empresarios. Es una falacia del pensamiento, y lo descubrimos en nuestro pellejo, por ejemplo cuando una chica sueña con encontrar a un hombre, bueno, guapo trabajador y doctor, ignorando las matemáticas que indican cómo las probabilidades multiplicadas son prácticamente excluyentes. Es la misma razón que nos lleva a imaginar a un empresario potente (o en los casos locales potentillo) como alguien justo, honrado, trabajador y que además crea empleo con salarios dignos respetando las libertades y derechos de los trabajadores. Una falacia, por supuesto, una lógica aplastante que me hace saber a ciencia cierta que ningún alcalde será mejor por ser empresario (la mediocridad es la media en todos) ni por supuesto será buen Presidente del mundo.