29 enero 2017

Si sale con barba S. Antón y si no la Virgen María.

Hoy he vivido una gran experiencia. El punto final de un proceso que aunque no salga redondo ha significado para mí un desafío que me ha enriquecido. Pelear unos meses, casi sin tiempo, por meterte una carrera entre pecho y espalda me ha dado la oportunidad de recordar y reorganizar todos mis conocimientos. Es evidente que no estaré entre los cien mejores de Expaña (¿o sí?) pero en cualquier caso me he sentido bien a pesar de estar agotado tras casi cinco horas de examen. Porque para ejercer, o terminaste la carrera antes del 2000 o necesitas coger una plaza de las pocas que oferta la Administración Española. Por encima de mi cadáver, le dije a mi hija cuando pensó estudiar psicología. No es que no me guste la carrera, el mejor trabajo de mi vida lo tuve siendo psicólogo, pero ya sabemos que las alegrías en casa del pobre duran poco. El problema es que estamos sobre saturados (y cada año hay una universidad más que implanta el grado) de psicólogos y no hay, ni habrá nunca puestos en Salud capaz de dar trabajo siquiera al diez por ciento de los que terminan cada año, más o menos cinco mil. Gentes que no podrán dedicarse a ese oficio aunque lo intenten y deseen. Una más de las ridículas cosas que suceden aquí. Y no me caliento más, lo dicho, pase lo que pase, prueba superada.