21 noviembre 2016

Nadie quiere trabajar en finde.

Alguien ha iniciado una mierda de campaña (no tengo otro nombre) para que no se manden deberes a casa, no sé bien, porque no quiero ni leerlo, con qué objeto. En cuatro días alguien iniciará otra para que los textos no se memoricen y otra más para suprmir los exámenes (al tiempo). Es verdad que nuestra docencia, a diferencia de otras en otros países, se excede en la teoría y abandona la práxis y las exposiciones orales. Es uno de los problemas por los que seguimos estando a la cola en el dominio del inglés hablado, que no en gramática, de la que sabemos más que la Reina de Inglaterra. Sé bien, porque soy padre, lo molesto que resulta no poder hacer planes un fin de semana porque los niños tengan muchos deberes para el lunes, o peor aún, un exámen. No fallaba un puente sin que se les recibiera con una prueba escrita, y claro, eso implicaba que esos días en vez de juerga hubiera estudio intensivo. Siempre me quejé de ello, porque nunca sucedía al revés. Es decir, nunca tenían el exámen el viernes para que el fin de semana, o el puente, se lo pasaran los docentes corrigiendo de manera que entregasen las notas al regresar los alumnos. Jamás. Nadie quiere trabajar en fin de semana. Es una verdad establecida. El trabajo escolar forma el carácter y eso, aunque no le guste a alguien, es importante.