25 mayo 2016

Todo tiene un porqué.

Compruebo el facebook, es una manera cómoda de perder el tiempo y a veces, como excusa, aprendes algo. Un amigo coloca un gráfico sobre como ha crecido la deuda pública expañola. Parece la sonrisa de Rajoy -le comentan. Poco más abajo otra tiene un buen cucurucho de fresas apetitosamente rojas. Yo quiero poner me gusta, o me da rabia al gráfico, pero sé que eso me va a acarrear enemigos (y tengo unos pocos) de esos que también me llaman amigo en facebook, desestimo también las fresas porque la gente debería de pensar en el gráfico y no en tratar de convencernos de que la vida es perfecta. Al final, me digo, solo me queda la tristeza. Anoche, en un rastreo televisivo tras "El caso" (¿te he dicho que me gusta?) veo a dos en bikini respondiendo a un test sobre si Winnie the Pooh es una rata o un oso, como premio por su acierto les permiten comer una tarta, pero sin manos. No sé con qué fin salvo para que se les vea el canalillo de pechos siliconados o una cara manchada tras la exhibición gorrina. Ignoro si sucedió alguna de las dos, pero ahora, tras comparar el gráfico y las fresas, sé que todo lo que sucede tiene un porqué, lo que no quiere decir que tenga lógica. Las tetas son más placenteras que los histogramas y eso sí que es ciencia empírica.