11 marzo 2016

Otra merde.

Ha pasado siempre que cuando un habitante de la Pérfida Albión se alojaba en Expaña, en particular en domicilios privados, recibía una atención exquisita,  estando todo el mundo pendiente de ayudarle y facilitarle las cosas por encima de todo. No pasa así cuando un ibérico realiza el viaje inverso y ha de hospedarse en suelo Británico. Hasta el número de duchas se le cuenta y uno ha visto sitios donde se prohibía la entrada a perros y a españoles. Los habitantes de la isla han tendido a pensar de manera irracional que aquí se les trata bien porque ellos son excepcionales y jamás han caído en la cuenta de que lo excepcional es nuestro temperamento y amistad. 
De manera similar sucede que hay individuos (de ambos géneros) que sin ser diagnosticados de autismo o personalidad antisocial caminan por la vida avasallando con su carácter y recibiendo mayoritariamente un trato de favor, atención, respeto y cuidado, porque al igual que esos seres tienden a afirmar el conocido "yo soy así" los demás afirmamos el no menos estúpido "cada uno es como es", pasaporte válido para conquistar cualquier territorio ajeno  a la propia voluntad. Como los British, parecen tener todos los derechos por ostentar una personalidad tan desagradable. Más yo te digo, que no tienes en absoluto por qué aguantar tanta impertinencia y que puedes mandar a tal persona a, como dice la reina, la merde, sin ningún tipo de remordimiento de conciencia. ¡Basta ya de abuso! ¡No lo dejes pasar! y recomienda un buen sicólogo a quien necesite ayuda para mejorar su trastorno disocial ¡Vamos venga!