18 febrero 2016

Lo que está mal está mal-

He aprendido hace tiempo que la construcción de la moralidad va emparejada a la inteligencia. Me preocupa por eso que no todo el mundo alcance el pensamiento formal, que coincide con el desarrollo moral pleno, donde las normas tienen que ver con un fuero interno superior que no se vende fácilmente. Me temo que los políticos, en su mayoría, carecen de pensamiento formal ya que son incapaces (en su mayoría -repito) de ser críticos con su propio partido cuando éste lo hace mal. Da igual el color. Se han quedado en las operaciones concretas, algo que habría de superarse a los trece años a lo sumo. Digo esto porque me molestan las críticas tipo "y tú más" o "y vosotros qué hicisteis" o peor aún aquellas de "la culpa es de los otros". Lo digo porque leo a algunos defensores de Rita Maestre quejarse de que a los curas pederastas (por ejemplo) no se los juzga. Creo que lo que está mal está mal. Estoy seguro de que desnudarse en una Iglesia es igual de malo que desnudarse delante de una clase de secundaria. Y estoy seguro de que juzgar civil o penalmente por eso es una aberración, como lo fue juzgar a Krahe por "cocinar un Cristo", como está mal cada vez que la Asociación de Abogados Cristianos juzga lo que Dios no juzga ni juzgará. Por cierto, nunca les he visto personarse como acusación contra las barbaridades que se dicen desde la Iglesia de vez en cuando. Tampoco con las que se hacen. Menos mal que al final Dios sentará a los justos a la derecha y a los cabritos a la izquierda y, parece ser que, ahí no cabe apelación. Lo que está mal está mal, lo haga quien lo haga.