04 diciembre 2015

Los duendes de la noche.

Había una vez un zapatero a quien los duendes de noche le hacían los encargos de los clientes. Así, me parece a mí, en días como hoy, cuando uno se levanta en una ciudad que de noche se ha llenado de pancartas electorales todas con el mismo patrón de carita contenta. Si fuera siempre así, me digo, y trabajaran con tanta celeridad como lo hacen en la típica y tradicional pegada de carteles ¡cuánto progresaría el municipio! pero luego me acuerdo de que en el cuento, cuando el zapatero, y su mujer, solucionan la desnudez de los duendes, estos se largan y no vuelve a hacer un solo zapato. ¡Va a ser eso! -me digo- los duendes siempre han de estar desnudos para que los señores zapateros vivan mejor.