26 septiembre 2015

No te conozco.

No lo envidio, pero a mí no me sucede, puede que sea cosa de chicas. Los chicos somos más machotes y no añoramos los reencuentros de compañeros escolares. A mí, como he dicho, no se me ha dado el caso de recibir invitación alguna para reencuentro de antiguos compañeros de clase. No sucederá. De hecho, por aquí solo veo a tres o cuatro con los que cruzamos un apresurado hola. Puede ser cosa de chicos, pero me temo que hay una raíz más profunda clavada en emociones llenas de dolor, ira y frustración. Esos chicos, no había chicas en las aulas, ni en todo el colegio, vivíamos asalvajados en clases de cuarenta alumnos (Wert es un aprendiz de brujo en comparación a aquello), donde imperaba la violencia y el abuso. Profesores que abofeteaban con total impunidad de manera habitual desahogando sus frustraciones religiosas o familiares transmitían una copia magnífica para que los abusones, en su mayoría repetidores, amedrentaran a una masa indefensa. Los padres vivían ajenos, o animaban a los profesores a impartir disciplina sin miramientos. No creo que ninguno de mis compañeros trate de revivir tales miserias en encuentros, ni siquiera esporádicos en la calle. Igual que ahora surgen los abusos sexuales y se busca justicia, alguien debería de buscar justicia para quienes sobrevivimos a la hostilidad.