10 agosto 2015

Viajar para aprender.

Decía mi madre que solo se aprende viajando y, aunque no es del todo cierto no le faltaba razón. He repetido el viaje que más le gustaba a ella, y el que más le gustaba a mi mejor amigo. Ninguno de los dos está ya y he sentido la necesidad de hacerlo como lo solíamos hacer. Incluso he vivido en tienda de campaña y recorrido algunos de los campings que solía recorrer. Un lujo para el alma porque me he reconciliado con algunas cosas que sería largo de contar en esta entrada.
El caso es que he descubierto cosas nuevas, por ejemplo (llamadme analfabeto) no había visto San Julián de los Prados y he quedado impresionado de que el programa iconográfico de la basílica se base en pinturas de edificaciones civiles echando en falta mucha simbología religiosa. Los guías me han remitido al Concilio de Elvira y su aniconismo, pero yo he seguido dando vueltas y probablemente se trate de una construcción tardorromana (los frescos están incluso grabados) que después se usó como Iglesia. Luego he ido al Concilio de Elvira. Lamentablemente el primer volumen de la Historia de la Iglesia se lo dejé hace años a alguien y no me lo devolvió (por eso no quiero dejar libros ya a nadie) así que he tenido que buscar en san google. Curiosamente los cánones de ese concilio solo están en inglés (¡no dejo de flipar!). Es un lujo sin embargo perder unos minutos en leerlo (te va a sorprender). Luego he visto un enlace que cuenta cosas sobre la Iglesia de la época . Entender en qué mundo vivían aquellos primeros cristianos ayuda a entender los cánones y nos hace preguntarnos qué ha pasado con la Iglesia Católica que ni siquiera tenía sacramento del matrimonio y ahora festeja de blanco con fiesta y banquetes todos los sacramentos. Para decirlo claro, o te casas por lo civil o vives con alguien, pero de ninguna manera vivas con dos. El abuso de menores ya estaba penado, por supuesto.