04 abril 2015

Imposible felicidad.

Me he planteado tantas veces cambiar de vida que ya no me lo creo. Tantas veces mejorar, dejar de dañar, ser bueno, como siempre pensó mi madre que era. Tantas mañanas (seguidas de sus correspondientes tardes y noches -a veces en vela-) me he planteado ser mejor de lo que soy que he perdido la esperanza. Y aún así no dejo de hacerlo. O muero, o me fundo y me construyo de nuevo. Tantas veces en tantos años...sobre todo tras morder y rechazar la sangre que se cuela entre mis labios al arrancar pedazos de corazón a quienes me quieren (y a quienes me odian o me han regalado una capa de invisibilidad). He deseado tantas veces ser mejor y cambiar mi ser o al menos mi forma de vida que ya casi me he rendido. Y sin embargo no dejo de desearlo como la pócima de la imposible felicidad.