08 marzo 2015

Carpe fugit.

Te pilla desprevenido, fregando, leyendo, incluso mirando por la ventana. Sientes el mordisco que es intenso porque en él lleva las mordeduras de quienes le han precedido. Entonces te sientes pequeñito, piensas que el tiempo pasa tan rápido que se te escapa de las manos, recuerdas su cara, sus palabras, el tono de su voz, lo que te dijo hace tiempo o antes de ayer, sin ir más lejos. Piensas en la debilidad que la invadió de golpe, y en el dolor... Hace cuatro días, cuando empezaba todo y el veneno actuó soñaba con volver a trabajar. Ella que sentía la misma dignidad siendo empresaria que repartiendo el correo. Sientes el mordisco y recuerdas el último abrazo que os distéis, los últimos besos, o los primeros hace años cuando la conociste y entrabas a formar parte de una familia nueva y distinta. Algún viaje juntos, muchos museos y pintores visitados, comidas, cenas, más abrazos y besos. La vida te da otros hermanos, a veces, que sin compartir genes comparten tiempo, risa y dolor. Tal y como quiso acabó en cenizas, como acabó mi madre, esparcidas por el mundo que tanto viajó y que tanto vivió. Ha sido un combate duro. Estamos todos aquí -le dije- mientras apoyaba la mano en su frente y la besaba. Te queremos mucho -añadí. Casi de inmediato nos dejó. Espero que esté con su madre y la mía. Ella que tanto cuidó de tantos, puede que ahora nos cuide desde el cielo (sea como sea el cielo, Dios y la eternidad). La vida te da otros hermanos, a veces. Yo tuve la suerte de tener uno más. El jueves nos dejó. Te quiero.