14 febrero 2015

My way.

Escucho los discursos políticos que nunca cesan, pero que de aquí al 22 de mayo va a ser una f(x)=c. Todos tienen un mismo modo, unas mismas pausas que esperan los jaleos y aplausos de los filiados. Escucho las retransmisiones deportivas que nunca cesan y son otra función constante. Ambos tienen sus pautas distintas que todos practican. Incluso en el lenguaje político, a veces ves el mismo tono de voz entre quien manda y algunos segundos. Le pasaba a Felipe, a Zapatero, le pasa a Monago y a Teniente. Es increíble la imitación o simbiosis que se produce entre especies. Repaso en mi mente las teorías del pensamiento y lenguaje. ¿Es el lenguaje, como decía Sapir, lo que crea el pensamiento? o por el contrario ¿es, como dicen muchos desde Piaget, el pensamiento lo que origina el lenguaje? En realidad en estos casos prima más la forma que el fondo. El fondo es siempre idéntico. En el primer caso promesas que no se cumplirán y en el segundo gritos que promueven la felicidad, o la tristeza, según la camiseta que te vistas. Los dos ejemplos, aparte de enervarme, me empujan hacia la epistemología genética de Piaget. Mis ideas determinan cómo lo expreso, cómo me expreso, cómo me presento y en definitiva cómo soy. Atónitos los mortales con salario base de menos de 700 euros observamos a un jugador que celebra cumpleaños por valor de 400.000 euros y tramas y más tramas que tejen una telaraña imposible de atravesar. Ahí es donde creo que el estadounidense tiene razón. No hay nada como un buen lenguaje para pensar on my way.