28 febrero 2015

Echar de menos

A uno, sensiblero por genética (y algo de educación), se le saltan las lágrimas al leer la carta de despedida de quien he sido admirador. Oliver Sacks, quien inspiró la película Despertares, el autor de quien tengo tantos libros, que me ha enseñado a "ver voces", que me "llevó a Marte", me presentó al "tío Tungsteno" y "confundió a su mujer con un sombrero", el autor de quien tanto he hablado se va. No tendré ocasión de que me firme ninguno de los libros que pueblan mi estantería, no volverá a publicar nada (salvo algo que alguien, probablemente, por afán de dinero lo haga). No volverá a enseñar-me. Es cierto que me quedan sus libros, tan densos y simpáticos que se pueden leer una y otra vez y es cierto que vivirá en ellos, al menos para mí. Pero se va y la próxima vez que hable a los estudiantes de él y les lleve sus libros probablemente les tenga que decir que murió hace poco. Y le echaré de menos, como a mucha gente que ha pasado por mi vida y a la que echo de menos casi a diario. 
Otra gente ha pasado cerca de mi vida y no me ha enseñado nada, a esos no los echaré nunca de menos, ni por supuesto me provocará lágrimas su recuerdo.