18 octubre 2014

Y da esplendor.

Esto de que unos pocos decidan qué entra y qué no en la lengua española tiene sus ventajas pero no deja de ser un reflejo de la democracia poco participativa que tenemos en la que después de elegir a un partido ya te olvidas de votar nada más. Aquí es aún peor porque es la élite quien elige a la élite de académicos. En la Pérfida Albión, por ejemplo, si la gente comienza a utilizar mankle para definir a los hombres que llevan calcetines hasta los tobillos, se usa y se acabó, pero aquí si usas tableta no hablas bien hasta que la 23ª no te da permiso, y claro, pasa lo que pasa, que no convence a todos. Por ejemplo me mola mucho amigovia (aunque no la había usado en la vida), pero lo de papichulo me va menos. Y luego está el tema de los anglicanismos o spanglish (o como queráis llamarlo porque para mí es lo mismo aunque no sea igual). Yo creo que si no usas una palabra castellana, o la inventas, es mejor adoptar un término inglés que bautizarlo. Lo he creído siempre de la palabra football y lo creo ahora de nocaut, una estupidez que quita el sentido más consciente a la palabra K.O. Estupefacto me quedo.