16 julio 2014

Ortro ladra.

Recordó que debía de haberse sentado a la puerta, pero durante todo ese tiempo había estado tan ocupado que no podía permitirse ese lujo oriental. ¿Fueron los chinos, como dicen unos, o los árabes, como defienden otros? Tal vez, razonaba, sentarse a la orilla del río para ver el cadáver flotando de tu enemigo tenga más que ver con los chinos y lo de sentarte a la puerta de tu casa con los árabes, pero con lo que les gustaba a estos el agua -pensaba- no se puede estar seguro de nada. Tal vez ni siquiera era una frase antigua, sino de algún neoromántico que en un relato acudió al Oriente. 
Sea como fuere -se dijo-, y se sentó a ver el espectáculo mediático, pero solo vio perros ladrando detrás de los cadáveres. No es muy gratificante, -meditó- y cruzó de nuevo el umbral de su castillo para deleitarse en su silencio.