16 abril 2014

Fantasmas de antiguo edificio.

Visito los urinarios semipublicos, en mi caso, como casi cualquier mortal. 
No deja de sorprenderme que los bordee una frontera, casi inexpugnable, de suciedad (orín mezclado con tierra o cosas así), o que nadie tire de la cadena;  que lo primero que pienso al ver ese orín tan marrón, es "¡pobre, debe de tener algún problema de hígado o riñón para expulsar una cosa así!",  pero luego imagino a sus pobres y abnegadas madres (o esposas) diciéndoles, "no te preocupes, déjalo todo como te de la gana que ya pasaré yo a fregar el suelo, desinfectar la taza y tirar de la cadena". El amor materno o conyugal creo que es así. El colmo de sorpresa es -no obstante- cuando visito el baño y encuentro las cisternas descargándose alegrememente por cosas tan simples como que el botón se ha atascado y no lo han vuelto a  pulsar para que deje de malgastar agua. Que a lo mejor la cosa es que desenfundan, riegan y salen pitando abrochandose la cremallera para dar la mano al primero que encuentren (puede ser), pero como tras él vendrá otro (seguro) podría asomarse y pulsar de nuevo el botoncito. Así que me digo: No, pensaba que eran hombres quienes desaguaban aquí, pero si quiera a un hombre -tan poco prono como yo a las habilidades manuales- como yo le gusta la mecánica simmple. No pueden ser hombres, tal vez fantasmas o visitantes. Investigaremos...