04 febrero 2014

Ni serlo, ni parecerlo.

¿Crees que alguien alguna vez entenderá los desvelos discriminatorios con que oprimo a la gente que quiero? Nadie. Estoy seguro de ello. Lo sabe la pintora de casa, lo saben  mis padres, mis hermanas. Muchas mediocridades han sido publicitadas-promocionadas por la Institución (a través de mí), pero a quien me quiere -que en muchos casos vale mucho más- solo le cabe mi acción personal. Para mi propio dolor, y para evitar los venenos de muchos habitantes de Bipolaria, siempre he tratado de imitar a la mujer del César. Lo sorprendente es todo lo contrario que nos asedia. Da igual El Torno, o los nombramientos digitales. Aquí nadie muere de vergüenza, ni quien lo hace, ni quien no solo lo permite, pudiéndolo prohibir, sino  que lo aplaude.