30 enero 2014

Sieg.

Me quedo, no puedo levantarme siquiera, no más. Esta tarde -a pesar de todo lo que falta por hacer- me siento muy cansado, casi febril y dolorido. Puede que sea agotamiento y el cuerpo pida marcha, pero la de dejar las cosas. El cuerpo es listo (siempre) pero le hacemos poco caso. El deber, el tener que, el ya mismo, suelen silenciar las llamadas de tus neuronas pidiendo descanso. Entonces leo que la Merkel ha rebajado (o rebajará) la edad de jubilación de su pueblo, y también que ha rebajado o (pretende rebajar) los días  laborales de su pueblo. Entonces sé (estoy convencido de que no es un delirio creado por el cansancio) que la guerra (la tercera guerra mundial) ha acabado y que España estaba, como siempre, en el bando de los perdedores. ¡Heil Merkel,  hazme ciudadano de tu patria!